
(Antofagasta, 4 abril 2025). Los efectos, amenazas y oportunidades que tendrían los aranceles anunciados por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la región de Antofagasta, analizaron en detalle especialistas de la Facultad de Economía y Administración (FACEA) de la Universidad Católica del Norte (UCN), quienes entregaron su visión sobre el impacto de esta medida en la actividad productiva y el empleo local.
Si bien el aumento de aranceles está diseñado para proteger la producción y la actividad industrial de la potencia norteamericana, el efecto se extiende mucho más allá de sus fronteras, afectando a socios comerciales y regiones altamente dependientes de las exportaciones, como es el caso de Chile.
El decano de la FACEA UCN, Fernando Álvarez Castillo, resalta que la economía de la región de Antofagasta está estrechamente ligada a la minería, particularmente a la industria del cobre, que representa uno de los principales productos de exportación del país. “Estados Unidos es un destino clave para los productos mineros, y cualquier cambio en las reglas del comercio internacional puede generar consecuencias significativas”, especificó.
Añade que, si bien el alza en aranceles no está directamente dirigida al cobre, sí afecta indirectamente la competitividad de la industria. El encarecimiento de insumos, maquinaria y tecnología importada podría elevar los costos de producción, reduciendo los márgenes de rentabilidad de las empresas mineras. “Si las tensiones comerciales se agravan, podríamos ver una contracción en la demanda de metales industriales, afectando los precios del cobre y, por ende, la actividad económica de la región”, especificó.
EMPLEO
Sobre los posibles efectos sobre el empleo regional, recalcó que el mercado laboral en la zona está fuertemente vinculado a la minería y a los servicios asociados a esa industria. Un alza en los costos operacionales podría llevar a las empresas a reducir inversiones o a reestructurar sus operaciones, impactando el empleo en la región. De igual forma, la incertidumbre en el comercio global podría afectar la toma de decisiones de nuevos proyectos mineros, retrasando la creación de puestos de trabajo.
Agrega que existe la posibilidad de que algunos sectores se beneficien. “Si las restricciones comerciales fomentan el desarrollo de proveedores locales para sustituir importaciones, se podrían generar oportunidades de empleo en áreas como la manufactura de repuestos, el mantenimiento industrial y la innovación tecnológica aplicada a la minería”, resaltó el académico.
OPORTUNIDADES
Para el decano de la FACEA, y desde una perspectiva global, el proteccionismo estadounidense podría generar incertidumbre en los mercados, afectando la estabilidad de los precios del cobre y, con ello, la recaudación fiscal y la inversión en la región. Sin embargo, añade, también podría ser una oportunidad para que la zona diversifique su matriz productiva, impulsando sectores como las energías renovables y la economía circular en la minería, entre otros. “En este sentido, es fundamental que las autoridades regionales y el sector privado trabajen en conjunto para mitigar los riesgos asociados a la volatilidad del comercio internacional. Esto implica fortalecer la innovación, mejorar la competitividad de la industria local y buscar nuevos mercados que permitan reducir la dependencia de Estados Unidos”.
Por último, si bien el anuncio de Trump sobre el alza de aranceles representa un desafío para la economía de Antofagasta, también obliga a la región a replantear su estrategia de desarrollo. “La clave estará en cómo la región se adapta a estos cambios, aprovechando la coyuntura para fortalecer su posición en la economía global. En un mundo cada vez más interconectado, la capacidad de adaptación y resiliencia será determinante para el futuro económico de Antofagasta y del país”, puntualizó.
IMPACTO MODERADO
Otra mirada la aportó el académico y profesor titular de la FACEA, Dr. Dusan Paredes Araya, quien analizó los efectos de la medida adoptada por el gobierno de Donald Trump en materia económica. “El principal producto que exportamos a Estados Unidos es cobre y sus derivados, y esos productos por ahora quedan fuera de esa política arancelaria. Desde ese punto de vista, podríamos sugerir que el impacto será moderado o bajo para nuestra región”.
No obstante, aclaró que otros sectores productivos del país, como la agricultura y la industria del salmón, tendrán una carga arancelaria más alta, lo que haría que estas áreas sean menos competitivas. “La economía se caracteriza por reacciones en cadena. Es decir, es obligatorio que los impactos que ocurren en algunos sectores terminen transmitiéndose a través de las relaciones de compra y venta con otros sectores. En algún minuto esto debería terminar por afectar la industria minera también, pero será en forma muy indirecta”, especificó.
COMPETITIVIDAD
En términos de empleo, el investigador explicó que las empresas que sean afectadas por este shock arancelario van a intentar ser más competitivas, de manera que sus precios bajen. Y que, al bajar sus precios, la barrera arancelaria no las ponga en desventaja con otras empresas que también venden en Estado Unidos.
Sin embargo, el Dr. Paredes puso de relieve que Chile lleva más de diez años estancado en su productividad, por lo que es difícil pensar que ahora se pueda dar un salto en productividad que no se ha dado en más de una década. En este contexto, señaló que esta contingencia obligará a algunos sectores, como el del salmón, entre otros, a reestructurarse, lo que podría causar un shock en el empleo. “Obviamente, el factor trabajo es uno de los primeros que se ajusta”, concluye.
Añade que en el caso de la minería esta situación es más difícil de prever. “Si se mantiene esta medida arancelaria en el mediano plazo, probablemente las industrias más afectadas van a reaccionar disminuyendo su proporcional de empleo”.
Respecto a las medidas que se pueden adoptar para enfrentar esta situación, indicó que lo primero es que la economía regional y nacional se hagan mucho más productivas. Otra medida alternativa sería bajar los aranceles a Estados Unidos, en específico las tasas de internación a los productos provenientes del país del norte. Si bien aclara que esta estrategia parecería “sumisa”, constituiría un gesto hacia la primera potencia continental.
Por el contrario, otro camino completamente opuesto sería aumentar en forma agresiva los porcentajes arancelarios a las exportaciones estadounidenses, lo cual sería complicado, ya que los productos de ese país son por lo general insumos que Chile no produce, como vehículos y tecnología. “Es como si nosotros mismos estuviéramos elevando el precio de bienes que se transarían en nuestro país”, explicó el investigador, añadiendo que en este caso el precio final lo pagaría el consumidor local.